El sol atraviesa el cielo, los pajaritos trinan y yo pienso.
Tengo entre mis manos una moneda de un peso, y mirándola detenidamente veo que nació en 1995. Quince años guardados dentro de una porción metálica inerte.
Viendo sus reflejos plateados y dorados, que se extinguen poco a poco en la opacidad del tiempo, me pregunto cuántas veces esta moneda cambió de manos, cuántas personas conoció, en cuántos bolsillos vivió.